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28 de Juliol de 2010
El Parlament acaba de aprobar, con el apoyo de todos los grupos políticos, la Ley de Medidas para la Revalorización Integral de la Playa de Palma. O sea, una página más en los periódicos. Y van... En S’Arenal aún no se ha cambiado ni un adoquín pero, desde hace años, se habla y se habla del proyecto de reforma. Se alcanzan acuerdos, se firman convenios, se crean consorcios, se encargan estudios, se contrata gente, se hacen anuncios, se vuelven a encargar estudios y se vuelven a hacer anuncios espectaculares. Bla, bla, bla. Pero la Playa de Palma sigue igual que desde que se planteó la reforma.
Desde luego que no se podrá acusar al proyecto de las prisas de otros, como el de ese triste metro que este verano está de semivacaciones por falta de pasajeros. Pero, una cosa son las prisas y otra contar, durante años, una y mil veces la excelencia de la reforma integral de la Playa de Palma sin que se plasme en algo concreto. La última la he escuchado por la radio de boca de la comisaria del Consorcio de Revalorización, Margarita Nájera. Asegura que quiere que hasta el agua del mar sea como la de Es Trenc. Para eso, seguramente necesitará algo más que convenios, estudios y consorcios. Y me temo que ni por esas. ¿Qué más da? Se han dicho ya tantas cosas.
Seguramente, cuando se acerque la campaña electoral para las autonómicas volverán a pasearse por aquí los mismos políticos de Madrid que, una y otra vez, insisten en el apoyo del Gobierno español a esta reforma. El mismo gobierno que en su organigrama acaba de rebajar al turismo de una Secretaría de Estado a una Secretaria General. Total, ya se sabe: el turismo es de poca importancia en la economía española. Con este aviso, me temo lo que puede pasar con la Playa de Palma cuando se acerquen los presupuestos del Estado para el año que viene. Que haya que buscar con lupa las partidas para este propósito que se supone será el espejo en el que se mirarán otras zonas turísticas.
Me quedo más tranquilo después de escuchar al president Antich decir que la desaparición de la Secretaría de Estado de Turismo no supondrá una merma en la inversión en esta materia. Pues entonces, a qué viene esta decisión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En una entrevista en Diario de Mallorca, el reconvertido en secretario general de Turismo, Joan Mesquida, le echa una mano a Francesc Antich y asegura que éste mostró su disgusto y que hizo gestiones con Madrid para impedir que desapareciera la Secretaría de Estado. Los bien pensados pensarán que con ello Mesquida quiere demostrar el interés de Antich por el sector turístico. Los peor pensados pensarán que le ha echado una mano…, pero al cuello: porque para lo que han servido sus gestiones se podrá interpretar que poco interesa su opinión en la capital del Estado.
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